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Rodón concibe su gesto de retratar como una “apoteosis”, como acto de dación de estatura e inmortalidad.

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Maestro del semblante:
Los rostros de Rodón
POR IVETTE FRED Ph. D.
y LILLIANA RAMOS COLLADO Ph.D.
Francisco Rodón es, probablemente, el artista puertorriqueño de mayor estatura y prestigio internacional. Su obra que incluye temas variados entre los que sobresalen la naturaleza muerta y el retrato ya roza el medio siglo y cruza la historia de la cultura occidental del siglo XX, enlazando, mediante poderosos retratos de nuestros “notables”, los hitos que nos definen. De hecho, hay un acuerdo prácticamente universal de que su aportación más característica a nuestra pintura es su tratamiento del retrato. Gran parte de la obra de Rodón ha sido un dedicado y sistemático estudio del modelo y su representación. Esta preferencia que Rodón ha mostrado por el retrato nos interpela y suscita en nosotras ciertas importantes interrogantes.
I ¿Por qué retratar?
El retrato ha pretendido preservar la imagen del cuerpo humano como lugar de prima identidad, carnal aposento del alma, para retener así al ausente en su “fantasma”1. La fuerza del retrato es tal que perpetúa, aunque de modo tenue, la presencia. Pero, por lo mismo, la antropología registra el constante gesto cultural de impedir la reproducción del cuerpo y del rostro como sinécdoque del cuerpo precisamente para que el retratista no se lleve consigo el alma del sujeto del retrato. Así, esta magia del semblante (de la reproducción de algo semejante semblable al rostro) encierra talantes contrarios pero igualmente poderosos: por un lado amenaza con el hurto del alma, por el otro garantiza su permanencia en el mundo del más acá. No es de extrañar, entonces, que la representación del rostro sea el mayor riesgo profesional para un artista, que habrá de debatirse entre ser ladrón de almas o dador de eternidad. Sin duda, un dilema ético digno de Fausto. Y, sin duda, el dilema que Francisco Rodón ha puesto a dar fruto conflictivo en una obra notable que inaugura con el retrato de los restos mortales de Rubén Darío y que hoy labora en capturar el rostro en fuga de la famosa cantante de ópera María Callas.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #14 DE ARTPREMIUM. PÁGINAS 76-80
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