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Dávila mismo casi puede asegurar que su abrazo definitivo a la expresión artística mediante la pintura tuvo todo que ver con su llegada a Puerto Rico

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CARLOS DÁVILA: EL PINTOR EN SU TALLER
POR LILLIANA RAMOS, Ph.D.
Sintomáticamente, fue con su regreso a Puerto Rico en 1980 “para quedarse”, que decidió que ya era hora de ponerse a pintar y comprendió que quería hacerlo en Puerto Rico, lugar que ya no querría abandonar. Al llegar a Puerto Rico asegura haber sido adoptado por otros artistas igualmente jóvenes, aunque ya “establecidos”, entre los que distingue a Andy Bueso, Peter Gaztambide y Ralph de Romero (Jessy). Fueron ellos los que ayudaron a Dávila a crear el contexto necesario para su primera exposición en 1981 en la Casa Alcaldía en el Viejo San Juan. Acabado de llegar de los Estados Unidos, Dávila se sentía como el “gringuito” y a eso le atribuyó la falta de interés de la crítica en sus primeros trabajos locales.
“La crítica no me trató bien,” afirma. “Yo hacía mucha escultura de pared, construcciones y assemblages con materiales encontrados. Incluso mis pinturas tenían cosas pegadas.” Si bien su práctica en las esculturas hechas con materiales encontrados venía de sus estudios universitarios, Dávila reconsideró su trabajo estructural y comenzó a usar materiales locales. De ese modo buscó establecer, de modo deliberado, un vínculo firme entre su expresión artística y su nuevo espacio vital: Puerto Rico.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #14 DE ARTPREMIUM. PÁGINAS 72-75
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